Si alguien menciona pirámides, la imaginación colectiva viaja de inmediato a las arenas de Egipto, a la silueta monumental de Guiza y al misterio de los faraones. Durante siglos, el país del Nilo monopolizó el relato de estas construcciones gigantescas.
Perpignan, en la costa mediterránea de los Pirineos Orientales, es una ciudad que combina de forma sutil historia, sol y cultura catalana.
El primer que sorprèn de Biarritz no és el que veus. És el que notes.
Lyon, entre historia, gastronomía y elegancia francesa
Nice es una ciudad que seduce desde el primer instante.
Los hoteles independientes, esos establecimientos familiares o boutique profundamente anclados en el tejido local español, chocan frontalmente con la hegemonía de las grandes plataformas digitales como Booking.com, Expedia o Airbnb.
A los pies de los Pirineos, en los Altos Pirineos, Lourdes: una ciudad que conmueve tanto a creyentes como a viajeros. Lourdes es mucho más que una simple ciudad de peregrinación: es un lugar de memoria, espiritualidad y descubrimiento, donde la historia religiosa se entrelaza con un patrimonio natural y cultural muy marcado. Lourdes se ha consolidado como un centro mundial del catolicismo, manteniendo a su vez su atractivo para curiosos, amantes del patrimonio y viajeros en busca de emociones.
No hace falta planear demasiado. Basta con cruzar uno de sus puentes y dejar que el ritmo cambie solo. El murmullo del río, las fachadas de colores reflejadas en el agua, alguna bicicleta que pasa sin prisa. Todo parece invitar a bajar el volumen.
Marsella es una ciudad que nunca deja indiferente. Situada a orillas del Mediterráneo, en el sur de Francia, es al mismo tiempo portuaria, histórica, popular y profundamente viva. Entre su Vieux-Port, sus barrios antiguos, sus monumentos emblemáticos y su ambiente soleado, la ciudad focea ofrece una identidad fuerte, única en Francia.
Hay ciudades que se visitan y otras que se sienten. Grenoble pertenece, sin duda, a la segunda categoría.