En 2026, el visado ha dejado de ser un simple trámite administrativo escondido entre páginas de un pasaporte. Hoy representa una decisión política, económica y estratégica.
En silencio, país tras país redefine quién entra, cómo entra y bajo qué condiciones. Para millones de viajeros, estas transformaciones cambian profundamente la manera de planificar un desplazamiento internacional.
Viajar ya no empieza en el aeropuerto
Una de las grandes rupturas de esta década es clara: el control migratorio comienza mucho antes del embarque.Solicitudes en línea, autorizaciones electrónicas previas, declaraciones detalladas del viaje y comprobantes financieros forman parte del nuevo recorrido del viajero. En 2026, improvisar se ha vuelto arriesgado. La movilidad internacional exige preparación, coherencia y anticipación.
Asia: apertura controlada y vigilancia tecnológica
Sudeste asiático: atraer sin desbordar
Tailandia, Indonesia, Vietnam o Malasia siguen apostando por el turismo, pero con reglas más precisas. Las exenciones de visado se reducen en duración, las extensiones son más limitadas y las autoridades solicitan pruebas claras de salida del país y medios económicos suficientes. La región quiere recibir visitantes, pero evita convertirse en un destino de residencia informal.
Asia oriental: eficiencia sin margen de error
Japón, Corea del Sur y Taiwán han convertido la tecnología en aliada del control migratorio. Sistemas biométricos, formularios digitales y procesos automatizados permiten una entrada rápida… siempre que el viajero cumpla estrictamente con los requisitos.Aquí, la hospitalidad convive con una tolerancia cero a la irregularidad.
China: reapertura gradual y supervisada
En 2026, China vuelve a recibir turistas internacionales de manera más amplia, aunque bajo un modelo muy estructurado. Se exigen itinerarios definidos, reservas confirmadas y un motivo de viaje claramente identificado.El mensaje es claro: apertura sí, pero sin perder el control.
África: el visado como herramienta de crecimiento
África del Norte: equilibrio delicado
Argelia, Marruecos y Túnez buscan atraer visitantes sin sacrificar su soberanía. En el caso argelino, se observa una apertura selectiva hacia el turismo organizado, especialmente en el sur del país, junto con facilidades temporales para su diáspora.La modernización avanza, pero de forma prudente y gradual.
África subsahariana: facilitar para competir
En varios países africanos, el visado se ha convertido en una palanca de desarrollo. Ruanda, Kenia, Tanzania o Etiopía han simplificado radicalmente sus procedimientos mediante visados electrónicos o permisos a la llegada.El objetivo es claro: reducir barreras para ganar visibilidad, inversión y conectividad internacional.
Australia y Nueva Zelanda: rigor sin concesiones
Oceanía mantiene uno de los enfoques más estrictos del mundo.
Australia examina cada solicitud con detalle, evaluando la coherencia del viaje, la situación financiera y la intención real del solicitante. Los rechazos son frecuentes cuando existen dudas, especialmente para ciudadanos de países africanos o asiáticos. Nueva Zelanda combina autorización electrónica y un discurso firme sobre la protección de su territorio y su entorno natural. El viajero debe demostrar responsabilidad antes incluso de aterrizar.
Argelia en 2026: una posición intermedia
En este escenario global, Argelia adopta una postura singular. Facilita la entrada de ciertos perfiles, como los binacionales, mientras refuerza el control general y moderniza lentamente sus procedimientos. El país intenta abrirse al turismo sin reproducir modelos masivos ni perder el control sobre sus fronteras.
Viajar en 2026: una decisión consciente
El tiempo del viaje espontáneo ha quedado atrás. Hoy, cruzar fronteras implica:informarse con precisión,preparar expedientes sólidos, anticipar cambios normativos, asumir que el visado forma parte integral del viaje. En 2026, el visado no es solo un permiso: es un filtro, un mensaje y, en muchos casos, un reflejo del mundo en el que vivimos.




